Los buenos negocios son más que buena intuición

En los negocios, muchas decisiones se toman en función de la intuición, esa sensación difícil de explicar que nos impulsa a hacer o no hacer algo en un momento determinado. Por lo general, cuando nos dejamos guiar por los instintos, el proceso de  toma de decisiones va acompañado por frases reforzadoras como  “sigue tu corazón y sabrás lo que tienes que hacer”, “solo el que arriesga en grande puede ganar en grande” “sigue tu instinto”. Frases que parecieran indicar que la solución a cualquier problema está dentro de quien emprende y que sin duda la oportunidad vale el riesgo que se corra. Sin embargo, no todas las personas que confían en su intuición tienen éxito cuando apelan a ella.

Para Joaquín Fuster, científico español que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar la zona del cerebro donde reside la conciencia, la intuición es un mecanismo de razonamiento inconsciente que conecta la información que el individuo percibe sobre el entorno físico en el que se desenvuelve, las experiencias y circunstancias de vida que lo hacen ser quien es y las creencias que elige mantener para tomar decisiones. Esta aproximación de lo que es la intuición permite pensar que no es extraño que hayan cosas que para cada uno de nosotros tengan sentido y parezcan correctas sin razón aparente. Entonces, ¿porqué algunas personas tienen éxito y otras no cuando siguen sus instintos? Porque el nivel de preparación para tomar decisiones efectivas en las personas que tienen éxito es mayor que en las que no lo tienen. La calidad de la información y experiencia que se procesa a nivel inconsciente, junto con la capacidad de llevar a la conciencia la  información que resulta de esas conexiones, es fundamental para poder alinear la intuición y la conciencia con el contexto, los hechos y los objetivos asociados a cada decisión.  Para tener éxito,  es importante sentir que se va por el camino correcto, pero la sensación, por sí sola no es suficiente. Solo a través del ¨darse cuenta¨ se puede usar el conocimiento para generar criterios que permitan evaluar las distintas situaciones y actuar de manera efectiva en un determinado contexto.

 

La calidad en la toma de decisiones marca la vida de la gente.

Imagine a una niña de tres años tratando de invertir en la bolsa de valores: no tiene el conocimiento (aun no sabe manejar cifras, la metodología para invertir en la bolsa, las implicaciones, etc.) y en consecuencia tampoco tiene el criterio para decidir cuál es su mejor opción de inversión o al menos para descartar cual podría ser la peor.

El criterio va mas allá de la intuición, es la conciencia usando el conocimiento de que dispone para hacer distinciones, lo que implica incluso ser capaz de distinguir que conocimiento no se tiene y hace falta. Permite identificar que de todo el conocimiento que se tiene es útil, para que lo es, en qué momento usarlo, y para definir acciones orientadas a reducir el sesgo entre la posibilidad de fracaso y la posibilidad de éxito de una acción intuitiva.  Un empresario exitoso lo es, en buena parte porque ha desarrollado su criterio.

Ahora bien, cuando no nos guía una acción consciente sino que tomamos decisiones con base solo en la intuición, puede que no analicemos las posibles consecuencias de nuestras decisiones o que este análisis sea rápido y cargado de argumentos de compensación que favorezcan la realización de nuestro deseo aunque tengamos mucho en contra. Justo aquí, radica en mi experiencia, una de las diferencias relevantes entre los empresarios que tienen éxito de manera sostenida en sus negocios y aquellos que han tenido éxito alguna vez o los que no han tenido éxito en absoluto. El empresario exitoso se anticipa a las consecuencias de sus decisiones y en el proceso de afinar su criterio, ha desarrollado conciencia sobre el riesgo, ha aprendido a identificarlo y gestionarlo, se ha vuelto flexible ante él y ha convertido su experiencia en una competencia inconsciente que le permite ver la oportunidad y aprovecharla en el momento justo, haciendo en consecuencia lo que le dice su intuición.

La impulsividad asociada comúnmente a obrar solo con base en la intuición puede constituirse en un obstáculo para el éxito; y en los negocios, sino se quiere perder dinero bien vale la pena cumplir la ley del sastre planteada por Stephen Covey en su libro ¨Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva¨: hay que medir dos veces y picar una sola, porque después de que se pique, la tela no volverá a ser la misma.

 

CARMEN MILITZA BUINIZKIY
@MILITZABUINIZKY