Hacia la Empresa Sustentable

Para entender la relación entre empresas exitosas, transformación, cultura y valores es necesario comenzar por revisar cómo entendemos estos conceptos.

Las organizaciones no se transforman por arte de magia, son las personas que conviven en ellas quienes lo hacen cuando se dan cuenta de la necesidad del ser y del actuar diferente y le dan valor al proceso sistémico de cambiar. Esa transformación personal es indispensable, para lograr el bien común en las organizaciones.

Una organización empresarial es, esencialmente, un conjunto de cerebros o un sistema de tecnoestructuras cognitivas y emocionales en una red de conversaciones que generan realidades, y no estructuras aisladas, incomunicadas e impersonales.

La cultura de una empresa, o forma característica de pensar y hacer las cosas en ella, es básicamente una función de la personalidad de los líderes. Por una parte es heredada y, por otra, es el resultado de un proceso de aprendizaje para la solución de problemas desarrollados a lo largo del tiempo para adaptarse al entorno. Si se quiere transformar, se debe comenzar primero cambiando los sistemas de creencias, valores, y los comportamientos de los gerentes de la empresa, porque ellos deben ser capaces de actuar como modelo de los valores y comportamientos deseables en un liderazgo transformador.

Los valores se pueden definir desde tres dimensiones:

1. Objetiva: Los valores son cualidades de la realidad.

2. Subjetiva: Los valores son la valoración que la persona hace de la realidad.

3. Operativa: Los valores son las conductas y hábitos positivos, desarrollados al máximo a partir de un ejercicio perseverante.

Las tres dimensiones deben estar interrelacionadas y alineadas entre la empresa, sus trabajadores y la comunidad para lograr confianza, congruencia y cultura del desarrollo.

Podemos comenzar por promover en las empresas el valor rectitud, como base de los procesos de gobernabilidad, ya que la rectitud como valor está asociada al actuar del ser humano. El éxito financiero, el aprendizaje continuo y el trabajo en equipo para el bien común son el resultado de hacer bien las cosas.

Para construir una cultura de responsabilidad laboral compartida es necesario que las personas consideren que su trabajo es valioso, porque este les permite ganarse la vida sin tener que depender de la buena voluntad de los demás y les confiere la autonomía y ciudadanía económica que protege su dignidad humana. El asumir el trabajo como un valor ayuda a empoderar a las personas del rol que ejercen en las organizaciones.

El futuro de la empresa se configura articulando valores, metáforas, símbolos y conceptos que orienten las actividades cotidianas de creación de valor por parte de todos los trabajadores.

MIGDALY ROJAS
@MIGDALYROJAS